PropertyValue
opmo:account
is opmo:cause of
opmo:content
  • El enoturismo gana adeptos. A las bodegas hospitalarias de La Rioja, el Penedés y la Ribera del Duero, diseñadas por Gehry, Foster, Moneo, Calatrava y otros astros de la arquitectura en el mundo, se suma ahora una de La Mancha promovida por los hermanos Antonio e Ignacio del Barco con la intervención del joven arquitecto local Juan Sánchez. Pago del Vicario es, más que una bodega, un complejo hotelero y vitivinícola que emerge en forma de tubo telescópico desde el horizonte próximo a Ciudad Real. Lo esmalta una pradera luminosa de hierba, estanques, parterres de madera y, claro está, viñedos: 130 hectáreas de cabernet-sauvignon, sauvignon blanc, merlot, syrah, petit verdot, chardonnay, graciano y garnacha con vistas a los Montes de Toledo y al curso escurridizo del río Guadiana. Pérgola de madera Las instalaciones hoteleras se concentran en un edificio con forma de media luna y cerramiento laminar de acero oxidado, llamativo en sí mismo, aunque torpemente emplazado en un extremo de la bodega. Mejor atalaya ofrecía el pináculo sobre el que se ha construido la pérgola de madera, orientada hacia el viñedo y el puente de ojos del Vicario, que no entre las barricas y las oficinas centrales de la firma, con vistas a la carretera. El piso inferior, descolgado sobre el terreno, se reserva para albergar los tres salones de estar que dan holganza al hotel en cuanto finalizan las actividades vitivinícolas. Una cristalera filtra la luz hacia estos bajos y comunica la sotanera con el área reservada a cenador y piscina, en un entorno zen muy mimado en verano. Arriba, las habitaciones proponen un modelo de minimalismo depurado a cargo de la interiorista Raquel Sanz, que se replantea la clásica estructura en L, eficaz pero anodina, y secciona la entrada en dos módulos acristalados con el inodoro y el bidé a un lado, y el lavabo y la ducha al otro lado. De noche, el acceso a la alcoba genera una agradable sensación de ingravidez. Dos luminarias L501 (de la firma Osram) constituyen la única decoración de las paredes y envuelven en una penumbra sutil el perímetro de la cama king size engastada en el centro de la estancia. El servicio del hotel prodiga sus atenciones sobre la clientela con el ofrecimiento irrechazable de visitar la bodega y asistir a las sesiones de cata que se organizan periódicamente en ella. Los huéspedes tienen además la posibilidad de suscribirse al club Pago del Vicario, que, por 1.900 euros, otorga el derecho a la crianza de una barrica de vino (300 botellas) y a importantes descuentos en el precio de la habitación. Un preludio excitante del menú que se ofrece en el restaurante de la propia bodega, con vistas espectaculares a la sala de barricas. Sibaris, ¡qué placer, el enoturismo!
sioc:created_at
  • 20060408
is opmo:effect of
sioc:has_creator
opmopviajero:language
  • es
geo:location
opmopviajero:longit
  • 601
opmopviajero:longitMeasure
  • word
opmopviajero:page
  • 11
opmo:pname
  • http://elviajero.elpais.com/articulo/20060408elpvialbv_6/Tes (xsd:anyURI)
opmopviajero:refersTo
opmopviajero:subtitle
  • PAGO DEL VICARIO, un hotel-bodega con sesiones de cata en tierras manchegas
sioc:title
  • Enoturismo sutil en Ciudad Real
rdf:type

Metadata

Anon_0  
expand all